La falla geológica siempre ha estado allí. Los habitantes de Sevilla saben
que bajo sus pies la tierra se mueve. A veces, pero no muy seguido, dicen
algunos, sus fincas se estremecen, las planicies se hunden y las montañas se
desprenden de a poco.
Son los efectos de la que se conoce como falla Romeral, aunque los mapas de
geología la nombran como Cauca-Almaguer. Está a cientos de kilómetros bajo
tierra y sobre ella hay tierra débil que, dicen los que saben, se suelta por
efectos de sus movimientos, de la lluvia, la erosión y hasta la mano del
hombre.
Los 130.000 metros cúbicos de roca, material arcilloso y pedazos de
árboles que cayeron el pasado 24 de diciembre de una montaña en el sector de La
Cristalina, destruyendo un tramo de la vía principal de acceso a Sevilla, son
‘tierra mala’, como la llaman algunos expertos.
Lo cierto es que José Omar Hernández, un campesino de 77 años, no necesita
una explicación científica para entender lo que sucede debajo de la tierra del
pueblo. Lo que sabe es que el derrumbe “parece un castigo de la naturaleza”.
Es un “castigo” que hoy sufren más de 7.000 campesinos de 24 veredas del
municipio, que permanecen incomunicados por esta causa.
Desde que ocurrió el derrumbe, Ferney Gutiérrez debe echarse al hombro el
café que produce en su finca. Hasta cinco arrobas carga la delgada humanidad del
campesino de 25 años para pasar haciendo equilibrio sobre la masa de tierra aún
en movimiento.
Así, y evadiendo las advertencias de organismos de socorro, Policía y
Ejército presentes en la zona, pasan de un lado a otro labriegos con tomates,
habichuelas, plátanos, costales de maíz y otros productos que mueven la economía
local. Se arriesga la vida para evitar que se pudra el sustento.
“¡Estamos llevados del verraco! Al transporte de jeep le subieron de
$3.000 a $5.000 y de $7.000 a $12.000 desde las veredas que están más lejos. En
el pueblo todo se encarece y para los campesinos se empobrece. Si se vende el
kilo de habichuelas a $7.000, a mí me lo pagan a $3.000”, explica
Ferney.
Preocupan también los caminos de herradura que funcionan como vías alternas y
por los que la gente se demora hasta una hora para llegar al pueblo. Antes eran
diez minutos. Lo que se vive, según el alcalde, Rafael Quintero, es una gran
crisis social.
“Nosotros mismos vamos a meterle pala y pica al terreno para que pasemos a
pie, en moto, taxi y jeeps. No podemos esperar más”, anunció Ferney Gutiérrez,
quien también es líder de la vereda La Cristalina.
Dice que la gente no tiene miedo. “No podemos hacer nada con la madre
naturaleza, pero si se sabía que la falla estaba ahí, debieron hacer algo. Yo
poco estudié, pero ya se vino lo que se tenía que venir”, advirtió el
campesino.
Eugenia Restrepo solo espera no ser testigo de una tragedia cuando eso pase.
Ya tuvo suficiente con ver cómo el derrumbe que acabó con la vía cayó justo
frente a su casa.
Dice que la tierra ya venía advirtiendo el desastre. Que perdió muchas horas
de sueño escuchando cómo se desprendía pedazos de ella, incluso de su
antejardín. Hoy su casa está más cerca del barranco. Eugenia quiere irse, pero
el problema es que no tiene a dónde.
Peligro natural
Abandonar casas y tierras por cuenta de la falla geológica es algo que
también se conoce en Sevilla. Romeral atraviesa varios barrios de su zona
urbana, entre ellos Monserrate. En el 2010, cinco casas se desplomaron luego de
que la parte plana donde se encontraban cediera por efecto de las lluvias de la
pasada temporada invernal. “Las fallas por sí solas no producen
derrumbes. Estos terrenos se convierten en embudos por donde entra el agua. Como
hay fractura de roca, la tierra que está encima se humedece y pesa más, entonces
se producen los movimientos en masa o deslizamientos”, explicó el
geólogo Álvaro Nivia, del Servicio Geológico Colombiano.
En los últimos años se evacuaron cuatro manzanas del barrio por la
inestabilidad del terreno, producto de la falla. Hoy el sector se convirtió en
una especie de zona fantasma. Otras cuatro manzanas deben ser evacuadas porque
el riesgo continúa. “Allí el suelo es como gelatina”, explicó María del Rocío
Agudelo, técnica del Consejo Municipal para la Gestión del Riesgo de
Sevilla.
“Sabemos que el problema es a largo plazo y eso nos preocupa. En mi
casa ya la puerta está muy pegada al marco y no abre. Creo que el terreno se
asentó”, explicó Jairo Correa, habitante de la zona en riesgo.
La falla Romeral atraviesa el costado oriental de Sevilla y por ello el
municipio es catalogado por Ingeominas como una zona con amenaza geológica.
En todo el Valle del Cauca, y según el Mapa Geológico del departamento
realizado por la entidad, hay otros 28 municipios incluidos en la lista por lo
que los efectos de las fallas en viviendas y vías se ven en muchos lugares de la
región.
En el sector de La Honda, zona rural de Buga, a Cesar Augusto Losada se le
hundió el terreno donde tenía su casa. En un año, cuenta, el predio alcanzó una
depresión de 1.40 metros y su vivienda colapsó.
“Todas las noches la casa traqueaba y le empezaron a salir grietas.
Un día se movió tan duro que nos tocó salir corriendo y desde entonces vivimos
en un cambuche”, contó el propietario.
La explicación para el fenómeno es sencilla, según Ómar Chávez, profesional
especializado de la CVC. “Todo es efecto de la gravedad y de las condiciones de
inestabilidad de los terrenos”, indicó.
En este sector, dos viviendas se cayeron y otras diez presentaron averías por
efectos del paso de la falla Buga- Palmira, según explicó Harold Alzate,
comandante del Cuerpo de Bomberos de Buga y miembro del Consejo Municipal para
la Gestión del Riesgo del municipio.
“En el último año identificamos 99 casas con afectaciones por la falla, pero
pueden ser más de 200 en toda la zona rural las que presentan problemas”,
explicó Alzate, quien añade que el invierno, el deterioro de los suelos por
pérdida de cobertura vegetal y el uso del suelo en agricultura aceleraron las
afectaciones.
Autoridades de municipios como Ansermanuevo reportan daños por fallas en
veredas cercanas al Cañón del río Catarina, especialmente en sus vías
terciarias. En dos escuelas no se dictan clases porque están a punto de
colapsar.
En Yotoco, la vía que de Mediacanoa comunica con el sector de El Caney ha
sido sometida a reparaciones en el último año, “pero la tierra cede y cede”,
dijo una funcionaria de la Secretaría de Gobierno del municipio.
Mientras tanto, en el barrio Lleras, de Caicedonia, 35 familias están en
riesgo por la inestabilidad de terreno, al igual que varias vías terciarias que
se arreglan, “pero que resultan siendo en vano y las obras de solución
definitiva salen costosísimas”, como explicó Luz Marina Arbeláez, secretaria de
Gobierno.
Frente a ello, el director de la CVC, Óscar Libardo Campo, explicó que “a
veces las obras no solucionan nada y es mejor que la tierra ceda. Lo que sí hay
que hacer es tomar medidas de prevención. En el caso de Sevilla, era
responsabilidad del Departamento vigilar la vía. Las alcaldías también son
responsables de que sobre estas zonas de fallas no haya asentamientos de
poblaciones”.
Es que las fallas geológicas siempre estarán ahí, bajo los pies de la gente.
No es posible predecir sus efectos, dicen los expertos. Llevan más de 4.000
millones de años moviéndose lentamente. En muchos territorios sus pobladores
seguirán escuchando el crujir de la tierra, como la sevillana Eugenia Restrepo,
quien mirando el derrumbe de La Cristalina desde el pedazo de antejardín que le
queda asegura que lo que pase en adelante “es voluntad de Dios”.
Fuente: El País
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